Palacio Bauer

Este palacio se encuentra en el número 44 de la calle de San Bernardo, calle históricamente relevantes de Madrid por haber sido una de las principales salidas de la ciudad hacia el norte (esta calle, que durante mucho tiempo se denominó calle Ancha de San Bernardo, tuvo su origen en el antiguo camino al pueblo de Alcobendas que partía del portillo de Santo Domingo y que con el crecimiento de la ciudad se iría consolidando como calle, llegando en tiempos de Felipe IV, en que se construiría en nuevo muro perimetral de Madrid, hasta el nuevo portillo de Fuencarral, situado en las proximidades de lo que hoy es la Glorieta de San Bernardo). La relevancia de la calle atrajo a lo largo de los años la construcción en su entorno de significativos edificios civiles y religiosos, así como de viviendas y locales de negocio propiedad de la nobleza y de la alta burguesía.

La poderosa familia Bauer se estableció en España con la llegada de Ignacio Bauer, un judío húngaro que era agente en nuestro país de los Rothchild, el apellido más conocido de la banca internacional. Él se encargó de canalizar y gestionar, entre otras actividades empresariales, las Minas de Riotinto y las de Peñarroya, la refinería de petróleo Deutschet et Ciapasaron y el Ferrocarril Madrid-Zaragoza-Alicante (MAZ). A su muerte, en 1895, las labores de agente de banca en Madrid para los Rotschild pasan a su descendencia, pero estos perderán paulatinamente peso como representantes financieros, aunque seguirán por algún tiempo manteniendo una relevante posición social en los influyentes ambientes de la alta burguesía, para la que organizan numerosas fiestas y eventos musicales en sus residencias madrileñas, tanto en el palacio de la calle San Bernardo, como en el palacete de La Granja o en el del Parque del Capricho, adquirido junto a dichos jardines en el año 1900 y que mantuvieron bajo su propiedad hasta finalizar la Guerra Civil. En 1929, con el famoso crack, la fortuna de los Bauer se tambaleará seriamente y en 1932, con la proclamación de la 2ª República, se disolverá la Sociedad de los Bauer. El rastro en Madrid de lo que fue esta importante familia se desvanecerá tras la Guerra Civil y actualmente en la ciudad solo nos queda, por así decirlo, el palacio que hoy nos ocupa y el panteón familiar de los Bauer en el Cementerio de Los Ingleses.

Pero centrémonos ya en el palacio de San Bernardo: El edificio constituye externamente un típico ejemplo de palacio decimonónico, con fachadas bien compuestas, a la principal y a la calle del Pez, en las que destacan zócalos de cantería y balcones con antepechos de forja. Inicialmente, antes de su adquisición en el siglo XVIII por el banquero Ignacio Bauer, el edificio fue un caserón de pisos. La reforma trascendental para darle estructura palaciega se acometerá hacia 1870 cuando tras el fallecimiento del banquero, su hijo Gustavo Bauer encargará la transformación a Arturo Mélida, relevante arquitecto, escultor y pintor madrileño, autor, por ejemplo, de las pinturas de la fachada de la Casa de la Panadería en la Plaza Mayor. Este,). Se construirá una escalera más solemne, se establecerá la independencia estructural entre las zonas privadas para la familia y las profesionales para el desempeño de la actividad profesional de la Banca Bauer, y se crearán y decorarán lujosamente salones y nuevos espacios. Destacan, en la planta noble, la carpintería y la decoración de los techos de los salones de la crujía del jardín, pero en especial el salón de baile, decorado ricamente con mármoles, bronces, hornacinas de cerámica vidriada y pinturas murales.

En 1940 el edificio fue adquirido por el Estado con objeto de transformarlo en la sede del real Conservatorio de Música y Declamación. Entre 1940 y 1943 se realizaron importantes obras de reforma para adecuar las estancias, se sustituyó la gran sala de bailes por un salón de actos y se suprimió la escalera central. En 1952 también fue instalada en el palacio la Escuela de Arte Dramático y Danza, pero en 1966 ambas instituciones volvieron a sus antiguas dependencias del Teatro Real, al reabrir éste sus puertas tras un largo periodo de inactividad por reformas. El palacio quedó entonces sin destino alguno y empezó a mostrar crecientes síntomas de deterioro. Finalmente, en 1972 fue declarado Monumento Nacional y al año siguiente el arquitecto Manuel González Valcárcel se encargó de reformarlo con el fin de devolverle su aspecto original y sus decoraciones interiores. Desde entonces el palacio acoge las dependencias de la Escuela Superior de Canto y de la Sociedad de Amigos de la Música.






Palacio de Godoy

En el número 9 de la Plaza de la Marina Española, haciendo esquina con la calle de Bailen, encontramos uno de esos edificios de la ciudad con interesante historia pero que al no ser especialmente llamativo actualmente en su estética exterior pasa desapercibido para muchos paseantes. Me estoy refiriendo al Palacio Godoy, también conocido como Palacio Grimaldi o Palacio de los Ministerios (llegó a alojar simultáneamente en un tiempo la sede de varios de ellos) y que en la actualidad es sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Este edificio fue construido en 1776 según proyecto de Francesco Sabatini, quien como arquitecto real había recibido el encargo de Carlos III de construir en las cercanías del Palacio Real (por aquel entonces recientemente inaugurado como nueva residencia real) el Palacio de los Secretario de Estado, destinado a albergar al Primer Secretario de Estado o primer ministro y a varias de las dependencias administrativas ligadas a la función de este. El lugar elegido fue el solar situado junto al Colegio Convento de doña María de Aragón, hoy Palacio del senado, frente al Real Monasterio de la encarnación.

El palacio resultante fue un edificio sencillo y externamente de trazas clásicas madrileñas: Sobre basamento de piedra se elevan los muros de ladrillo visto en los que se abren, en rígida simetría, vanos y ventanas. El edificio que vemos hoy es resultado de diversas modificaciones que entre otras cosas redujeron parte de sus dimensiones (por ejemplo, se tiró buena parte de la fachada frente a los actuales Jardines de Sabatini para ensanchar la calle Baién). El interior, si bien muchos de los elementos decorativos se han perdido, está en cambio más estéticamente ornamentado, destacando sin duda arquitectónicamente la escalera de marmol de tipo imperial que arranca del vestíbulo porticado y, subdividiéndose en dos tramos perpendiculares, desemboca en el piso principal. Se conserva la disposición de los grandes salones, así como la mayor parte de las pinturas de sus techos, de motivos chinescos, neopompeyanos o paisajistas.

Como ya he comentado una de las denominaciones de este palacio es la que se le asocia al marqués de Grimaldi por ser éste el Secretario de Estado vigente cuando se finalizó la construcción, aunque en realidad él no llego a instalarse en el edificio pues fue destituido en 1777. Su sucesor, el conde de Floridablanca sí habitó el inmueble hasta 1792 (tras el fallecimiento de Carlos III había sido mantenido en el cargo por el nuevo rey Carlos IV). El Conde de Aranda, sucesor del anterior, reusó instalarse en él durante el ejercicio de su cargo, por lo que será ya el nuevo Secretario de Estado, Manuel Godoy, quien no sólo va a habitar el Palacio sino que va a comprárselo a la corona para convertirlo en su vivienda habitua. A raíz de ello el palacio experimentará diversas obras de ampliación y mejora. No sólo se introducen mármoles y maderas nobles, sino que se decoran techos y se embellecen estancias, especialmente con el aporte de la fantástica colección de obras de arte el "Principe de la Paz" posee. A modo de ejemplo recordemos que allí se colgaron pinturas tan sobresalientes como “La Venus del espejo” de Diego Velázquez, “La educación de Cupido” de Correggio o “La maja desnuda” y “La maja vestida” de Francisco de Goya, quien además pintó por encargo de Godoy cuatro pinturas alegóricas de formato circular, de las que actualmente se conservan tres en el Museo del Prado (la otra se ha dado por desaparecida).

En 1807 Godoy va a recibir como regalo del Ayuntamiento de Madrid el Palacio de Buenavista, en la actual Plaza de Cibeles (sede ahora del Cuartel General del Ejército de Tierra), edificio que hasta ese momento había pertenecido a los duques de Alba. Godoy procedió a hacer el traslado de domicilio y, aunque realmente no llego a habitar su nueva residencia, pues cayo pronto política y socialmente en desgracia, lo cierto es que pronto dejaría ya el Palacio del Marqués de Grimaldi. En 1808 Madrid va a ser ocupado por las tropas napoleónicas y Joaquín Murat, cuñado de Napoleón, decide en calidad de máxima autoridad militar de las tropas francesas acantonadas en la capital instalarse en nuestro palacio. Desde allí, este comandante con serias aspiraciones a ser proclamado rey de España (finalmente ya sabemos que Napoleón reservó dicho título para su hermano José Bonaparte y otorgó a Murat el de rey de Nápoles) vivió el levantamiento del pueblo de Madrid y fue desde allí desde donde gestionó la violenta represión acaecida durante el 2 y 3 de mayo.

El Palacio sufrirá durante la invasión napoleónica el expolio de las tropas francesas y, perdido buena parte de su antiguo esplendor. en los años sucesivos cambiará a menudo ya de finalidad como inmueble de uso público: Fue primero sede del Consejo del Almirantazgo, pasando en 1819 a albergar las dependencias de la Biblioteca Real; en 1826 se convirtió en sede de las Secretarías del Despacho de Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra y Marina, hasta que un incendio en el edificio ocurrido el 29 de noviembre de 1846 aconsejó el traslado de estas dependencias, ya convertidas con el régimen liberal en Ministerios. Sólo quedaron en el edificio las dependencias del Ministerio de Marina, al que pocos años después se le agregarían las del recientemente creado Museo Naval (1844). El resto del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX siguió desempeñando funciones ministeriales, aunque en algunas ocasiones parte de sus habitaciones y salones recuperaron el lujo de tiempos pasados al convertirse en los alojamientos de las futuras reinas de España, María Cristina de Austria y Victoria Ana de Battenberg, antes de sus respectivas bodas con Alfonso XII -en segundas nupcias- y Alfonso XIII. En 1941 se decidió instalar en el palacio el Museo del Pueblo Español, donde se podían contemplar trajes regionales e históricos, así como productos y manifestaciones artísticas locales y populares. En 1977 se convertiría en el actual Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
En 1962 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y desde el 2000 tiene la consideración de Bien de Interés Cultural (BIC).

Para terminar, no quiero dejar de referir una curiosidad más relacionada con este palacio, y es que a día de hoy sigue conservándose íntegro el despacho que Manuel Godoy tuvo allí (no sólo la mesa y la silla, sino también la lámpara dieciochesca, el recubrimiento enmaderado en caoba de los muros, los adornos en paredes, la alfombra de la desaparecida Real Fábrica de Santa Bárbara, … ), pero no se conserva en el Palacio de la plaza de la Marina, sino en la planta noble del actual Cuartel general de la Armada situado en la confluencia entre el Paseo del Prado y la calle Montalbán. Pinturas y mobiliario fueron trasladados allí en 1929, pieza a pieza y respetando para la nueva ubicación las dimensiones y detalles de la estancia original. El despacho no está abierto al público y solo se abre actualmente para recepciones del más alto rango estatal.


Si sientes curiosidad por como es dicho despacho pincha en el enlace que te facilito correspondiente a una información publicada en su día por el ABC.

Casa-palacio de don Manuel González-Longoria

En la calle Juan de Mena, esquina con la de Ruiz de Alarcón, se encuentra la casa-palacio de don Manuel González-Longoria, uno de esos elegantes palacetes que la burguesía de finales del siglo XIX se hizo construir en el incipiente barrio de los Jerónimos que hacia 1865 empezó a configurarse cerca del Paseo del Prado, sobre los antiguos terrenos del que fuera Palacio del Buen Retiro.

González-Longoria, indiano de origen asturiano, fue miembro de diferentes consejos administrativos, diputado por el partido conservador entre 1879 y 1886 y senador vitalicio desde 1891. Además, a través del matrimonio de sus hijas, emparentó con la nobleza y obtuvo en 1895 para su hijo el título de marqués de la Rodriga. Este último heredará el inmueble en 1912 y unos años después, puesto que había fijado su residencia en Oviedo, decide  poner a la venta el edificio, siendo adquirido en 1925 por el Colegio de Notarios de Madrid. 

El diseño de la casa data de 1888 y es obra del arquitecto José Marañón Gómez-Acebo (autor también, por ejemplo, del Hospital Central de la Cruz Roja, en la Avda. Reina Victoria, quien se ajustará al objetivo demandado por González-Longoria de disponer tanto de una residencia familiar como de un lugar de trabajo, obteniendo además una rentabilidad económica adicional con la construcción en la finca de varias viviendas para su arrendamiento. Así, el interior del edificio está organizado en dos zonas, con accesos independientes. La primera zona, con portal y entrada por la calle Ruiz de Alarcón (actualmente zona de oficina del Colegio Notarial de Madrid), fue la destinada a arrendamiento y contaba con dos viviendas en las plantas segunda y tercera, y un estudio de artista en la buhardilla, comunicadas por una escalera interior que era también usada para el servicio de los González-Longoria. Su semisótano disponía también de acceso propio y directo desde la calle Ruiz de Alarcón, siendo utilizado como local. La segunda zona del edificio, más suntuosa, tenía su entrada por la calle Juan de Mena y correspondía a la parte destinada a la residencia y las oficinas de los González-Longoria. Es está parte del edificio la que resulta más interesante y la que se puede visitar de forma guiada en el marco del programa "¡Bienvenidos a palacio!" organizado anualmente por la Comunidad de Madrid.

En el espacio del “postportal” descendían los ocupantes de los carruajes que accedían al interior del edificio. La escalera situada a la derecha comunicaba directamente con el despacho de González-Longoria y las oficinas, mientras que la de la izquierda con la residencia. Esta segunda escalera era más noble, y contaba con dos tramos hasta el piso principal y a partir de ese nivel con doble ramal. Ambas escaleras son de mármol.


La planta principal es de estilo palaciego y conserva actualmente parte de su mobiliario original. En ella encontramos el vestíbulo, salón dorado, el salón chinesco y el comedor de gala y la biblioteca (hoy reconvertida en ampliación del salón de actos del Colegio).



Boadilla del Monte: Encinar y casco urbano


Situada a unos 15 kilómetros de Madrid capital, la localidad de Boadilla del Monte invita a ser visitada no sólo por el valor histórico monumental de algunas de las edificaciones de su casco urbano, sino también por la posibilidad que nos ofrece de realizar un amplio paseo de naturaleza por el Monte de Boadilla y las Encinas, una importante masa forestal tipo dehesa que, acotada hoy en día por la linde de diversas urbanizaciones y por el propio casco urbano del pueblo, suma un total de 826.88 Ha.


El Monte de Boadilla forma parte del gran corredor ecológico de encina y pinar que rodea la ciudad de Madrid de Oeste a Norte (Monte de Boadilla, Casa de Campo, Monte del Pilar, Monte del Pardo, Vadelatas, Dehesa boyal de San Sebastián de los Reyes y el Soto de Viñuelas). Se trata de un tipo de monte generalmente de suave relieve, con pequeñas lomas originadas por la erosión que sobre los suelos arenosos feldespáticos típicos de la campiña madrileña va produciendo la red de pequeños torrentes y arroyos que temporalmente la surcan. En concreto, el monte que nos encontramos en Boadilla podríamos decir que de forma natural es un encinar, pero que debido al aprovechamiento agropecuario y cinegético de años de intervención humana, hoy nos muestra mayoritariamente como una dehesa en la que conviven junto a las encinas, pinos piñoneros, fresnos, y diversos arbustos. Algunos de los ejemplares arbóreos, seguramente por su antigüedad, son de imponente porte.

Hay multitud de caminos recorriendo en monte del Boadilla, por lo que elegir nuestra ruta sólo es cuestión de cuanto quieres andar. Uno sencillo es el que trascurre próximo a la carretera M-513 que lleva hacia Pozuelo y que entre el pueblo y el polideportivo nos permite, en un recorrido casi llano, ver algunos buenos ejemplares de árboles, el pequeño estanque o el puente de piedra sobre el arroyo Vallelargo (s. XVIII aunque reconstruido).  Si quieres una propuesta de recorrido más amplio pulsa aquí. En ambos casos el punto de inicio y final de esta ruta es el entorno del Palacio del Infante Don Luis, construcción sin duda de impresionante factura y que si te es posible en alguna ocasión te aconsejo visitar interiormente aprovechando alguna de las visitas guiadas que se organizan desde el Ayuntamiento.


El Infante Don Luis de Borbón, hermano menor de Carlos III, adquirió en 1761 una construcción existente en este lugar conocida como Palacio de las Dos Torres y, con el deseo de convertirla en su residencia, encargo al arquitecto Ventura Rodríguez la remodelación que actualmente vemos, así como la hermosa y monumental fuente que hay frente a la entrada principal.

Durante la Guerra Civil el Palacio fue cuartel y hospital, pasando posteriormente a ser reformado y adaptado como internado de niñas del Auxilio Social. Estas actuaciones y su abandono posterior dejaron en bastante mal estado el edificio, pero por suerte y tras la adquisición en 1998 del mismo por el Ayuntamiento de Boadilla del Monte, se está procediendo, aunque lentamente, a su restauración.

Junto al Palacio y la Fuente de Ventura Rodriguez, las otras construcciones significativas de Boadilla son el Convento de la Encarnación siglo XVII y la Iglesia de San Cristobal (su núcleo arquitectónico data del siglo XIII aunque el edificio actual es totalmente nuevo).
 

Quizás te resulte de interés, por la relación con el lugar aquí tratado, releer la información que sobre el Infante Don Luis se reflejó en este blog a raíz de la exposición que sobre Goya y la figura del Infante tuvo lugar en Madrid hace algún tiempo. Pulsa aquí.

También, si deseas ampliar información sobre rutas por el Monte de Boadilla, pulsa aquí.

Relevo Solemne de la Guardia Real

El primer miércoles de cada mes puede verse en el Patio de la Armería del Palacio Real el Relevo Solemne de la Guardia Real, un espectáculo vistoso y colorista que rememora el que se hacía diariamente en tiempos de los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII.  Tiene fundamentalmente hoy carácter de atracción turística, a semejanza del que se realiza en otros países europeos como Inglaterra, Grecia o Dinamarca, y que como aquellos atrae a numerosas personas, tanto visitantes como residentes.

El acto comienza a las 12 del medio día y tiene una duración aproximada de unos cincuenta minutos, distinguiéndose en su puesta en escena básicamente dos partes: En la primera, la guardia a caballo realiza diversas evoluciones en las que demuestran su buen entrenamiento (las caballerías se entrecruzan, forman agrupaciones en círculos o desfilan en línea). En la segunda parte es cuando se muestra el Relevo propiamente dicho. La guardia saliente hace su aparición en el Patio de la Armería a través de la puerta del Palacio Real que se abre al mismo y, en formación y con el fusil al hombro,-"como marcan las ordenanzas"-, recibe a la guardia entrante, que desde la calle Bailen se incorpora al Patio entrando por la Puerta del Príncipe (junto a la Almudena).

Durante el Relevo Solemne de la Guardia Real vemos desfilar lanceros y alabarderos, compañías de fusiles, militares a cargo de piezas de artillería y carrillos de munición. En total unas 400 personas y 100 caballos que escenifican el relevo tal y como se hacía en tiempos de los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII, ataviados todos con sus uniformes de gala -azul, blanco y rojo-.
Una vez finalizado el acto y ya fuera del recinto de Palacio puede disfrutarse de la interpretación de diversas piezas musicales por parte de la orquesta militar, que se posiciona para ello junto a la puerta principal de Palacio Real, la que da a la calle Bailen. Un complemento adecuado para una mañana de corte militar. ¡En marcha!, !Ar!.

La entrada al Patio de la Armería para ver este espectáculo es libre, aunque recomiendo estar como mínimo media hora antes del comienzo para optar a tener una visivilidad aceptable (antes ponían gradas, pero cuando yo he estado no las había). Es importante también asegurarnos antes de que el Relevo tendrá lugar, pues hay algunos meses que no se realiza (creo que enero, julio, agosto y septiembre) y también se suspende en el caso de coincidir con actos oficiales en el Palacio.

Castillo de la Alameda

Muchas de las personas que han viajado por la Comunidad de Madrid seguramente saben de la existencia de castillos medievales en varias de sus poblaciones, como es el caso de Manzanares El Real, Buitrago de Lozoya, San Martín de Valdeiglesias o Arroyomolinos, pero es posible que desconozcan que Madrid capital también dispone de un castillo originario del siglo XV. Hablo del Castillo de la Alameda o Castillo de Barajas, pues con ambos nombres es conocido.

Este castillo fue construido en el año 1400 por Diego Hurtado de Mendoza, Almirante Mayor de Castilla, erigiéndose en el símbolo visible del señorío de Barajas, La Alameda, Cobeña y Alcobendas, el cual había sido otorgado a su padre en 1369 por el rey Enrique de Trastamara en premio y reconocimiento a sus servicios para consolidar la corona de Castilla. El lugar elegido para levantar el castillo fue un pequeño promontorio a las afueras de la aldea de La Alameda (el nombre se relaciona con la abundancia de álamos en el lugar), en lo que hoy es el barrio de Alameda de Osuna (distrito 21 de Madrid).

Por decisión expresa de Don Diego, a su muerte en 1404, el Señorío fue enajenado del mayorazgo de los Mendoza (bienes y títulos pasaban automáticamente íntegros al hijo mayor del fallecido) y fue otorgado a su prima y amante doña Mencía González de Ayala. Esta casó en 1406 con Ruy Sánchez de Zapata y aportó como dote a dicho casamiento el mencionado señorío, razón por la cual a partir de aquella fecha el castillo y la jurisdicción sobre estos territorios pasaron a ser propiedad de la familia de los Zapata, que con el tiempo adquiriría también gran peso en el entorno de la Corte (el personaje más notable de esta familia fue Francisco Zapata de Cisneros, quien entre otros cargos fue Presidente del Consejo de Castilla en la corte de Felipe II y al que por sus méritos éste le concedió el título nobiliario de Conde de Barajas).

El castillo original, típica fortaleza medieval con fuertes muros, foso y torre de homenaje, sería sometido a mediados del XVI a una profunda transformación, convirtiendo la sobria residencia fortificada, ya entonces de innecesaria finalidad defensiva, en un palacio rural de estilo renacentista. Se amplió y ennobleció el interior del recinto principal, se aumentó el foso y se incorporó este a la nueva área ajardinada que rodeaba todo el recinto y que más allá incluía tierras de labor y hasta un estanque con isla y todo (este último espacio queda actualmente oculto a la vista bajo las edificaciones de la parte baja). De ser vivienda principal el castillo pasó a ser una villa de recreo, siguiendo el nuevo gusto de la nobleza madrileña que prefería residir en la capital cerca de la Corte (el Conde de Barajas fijó su residencia junto a la plaza que hoy lleva su nombre), (esta costumbre es la que llevaría por ejemplo poco después a crear también cerca de allí el Parque de El Capricho, al que ya dediqué en su día una entrada de este blog).


El castillo de la Alameda (en la imagen adjunta puedes ver una recreación de como era externamente el castillo en su época de esplendor) ha sido a lo largo de su historia escenario de importantes acontecimientos. En él residió en 1599 la reina Margarita de Austria antes de su entrada en Madrid tras su boda con Felipe III en Valencia y en él sufrieron cautiverio varios personajes de la Corte caídos en desgracia: En 1580, estuvo preso allí, tras unas desavenencias con el rey, don Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba (famoso y temido gobernador de Flandes), corriendo posteriormente en 1622 la misma suerte Pedro Téllez de Girón, III Duque de Osuna y virrey de Nápoles, quien acabó además muriendo en su prisión de la Alameda.


El poderío de los Zapata disminuyó durante el siglo XVII y tras el terrible incendio que sufrió el castillo en 1697 ya no volvió a ser ocupado. Parte de su piedra fue utilizada para otras construcciones cercanas, como el palacio de El Capricho de los Duques de Osuna y el Panteón de los Fernán Núñez, herederos de los Zapata (esta construcción, de estilo neogótico obra del arquitecto madrileño Marqués de Cubas a finales del XIX, es la que puede verse actualmente junto al castillo). Este desmantelamiento, junto al abandono de años y ciertos estragos sufridos en la Guerra Civil (el castillo fue una de las posiciones defensivas  que protegía el cuartel general republicano establecido por el general Miaja  en el bunker de El Capricho, y de cuyo uso militar en la contienda quedan aquí como testimonio las troneras de disparo abiertas en el muro y la casamata junto al castillo que sirvió de nido de ametralladora) llevaron a que el castillo llegase a finales del siglo XX en un estado realmente ruinoso.

En 2006 el Ayuntamiento de Madrid decidió acometer la protección arqueológica del área del castillo de la Alameda, promoviendo junto a excavaciones y estudios del patrimonio existente (se descubrieron también en el lugar asentamientos de época prehistórica y romana), la restauración de parte de los muros y del foso, promoviendo junto con ello la musealización del recinto, de forma que pudiese visitarse. A tal efecto se instalaron pasarelas, barandillas y paneles informativos que sin duda ayudan a comprender mejor la historia del lugar.


¡No dejes de ir a conocer este castillo!

Castillo de la Alameda
Situación: c/ Antonio Sancha, 1
Horario: Sábados, domingos y festivos de 10 a 21 h (hasta las 18 h en otoño e invierno)
Metro más próximo: Alameda de Osuna (línea 5)
Entrada gratuita

Si deseas información más exhaustiva sobre este castillo te recomiendo la publicación que al respecto editó el Área de Gobierno de las Artes del Ayuntamiento de Madrid y a la que puedes acceder desde aquí.


Exposición: Los Pilares de Europa. la Edad Media en el British Museum


CaixaForum nos ofrece en Madrid hasta el 5 de febrero de 2017 la exposición “Los pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum”, una muestra en la que a través de más de 200 objetos procedentes de la citada entidad museística londinense más algunas piezas adicionales traídas del Museo Arqueológico Nacional de España, del Museo Nacional de d'Art de Catalunya y del Museo Frederic Marés, se resalta como tras el declive del Imperio romano se consolidan a lo largo del período histórico comprendido entre los siglos V y XV valores, usos y costumbres sociales que en buena medida van conformando los cimientos de lo que serán muchas de las naciones-estado europeas actuales.


Efectivamente será durante la Edad Media cuando se fijen y consoliden con mayor firmeza muchas de las fronteras entre los diversos reinos (el feudalismo fortalece las defensas territoriales y el vasallaje crea vínculos de dependencia que apaciguan rivalidades), en donde la religión cristiana actuará en buena medida de nexo común entre reinos (resaltemos al respecto que hasta el siglo XVI el término Europa no era demasiado usual, utilizándose más comúnmente el de tierras de La Cristiandad para referirse a ella) y en donde la expansión de las rutas comerciales y las migraciones contribuirán a incrementar los contactos culturales y artísticos, facilitando con ello la grandes transformaciones que van a darse a finales del XV y principios del XVI con el paso al Renacimiento.

En la exposición que nos ocupa, que aunque interesante por la temática confieso que en conjunto no me ha parecido especialmente llamativa, se muestran agrupados en base a una distribución temática con ligeros tintes pedagógicos que viene marcada por la cartelería informativa, objetos de diversa índole y por lo general de tamaño no muy grande: Joyas y adornos en el vestir (colgantes, broches, hebillas, etc), monedas, algunas espadas y piezas de armadura, utensilios domésticos, piezas decorativas de edificaciones (baldosas, peanas y capiteles de columnas), pequeñas esculturas, pinturas y elementos de significación religiosa, etc.


Una de las piezas de la exposición considerada como más interesante es el pequeño rey de marfil que forma parte del llamado ajedrez de Lewis. Dicho ajedrez fue descubierto en 1831 enterrado en la arena de la Bahía de Uig de la Isla de Lewis, -de ahí el nombre-, una de las islas Hébridas de Escocia. Se encontraron 93 piezas, pertenecientes según se cree a al menos cuatro o cinco juegos distintos. Se supone datan de la segunda mitad del siglo XII y se cree que son de origen escandinavo. Están talladas en su mayoría en marfil de colmillo de morsa, aunque también hay varias que lo están en diente de ballena. Algunas de las figuras están teñidas de rojo, lo que hace pensar que jugarían marfil contra rojo en vez de blancas contra negras. La pieza de rey expuesta es una de las 82 que custodia el Museo Británico, estando las otras 11 restantes en el Museo Nacional de Escocia (Edimburgo). Como curiosidad cinéfila, especialmente para los jóvenes seguidores de Harry Potter, indicar que las fichas de la partida de ajedrez mágico que salen en la primera de sus películas de este famoso aprendiz de brujo se inspiran en las fichas del ajedrez de Lewis. Eso sí, este rey no sale.
Exposición: Los Pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum
Lugar: CaixaForum Madrid (Pº del Prado, 36)
Fechas: Del 19 de octubre 2016 al 5 de febrero de 2017
Horario: Lunes a domingo de 10 a 20 h.
Precio: Entrada general 4 €