La Mariblanca

Sin considerar las estatuas humanas que en mayor o menor número se instalan regularmente en la Puerta del Sol de Madrid para ganarse algún dinerillo con su inmovilidad, en esta plaza, epicentro de la ciudad, existen tres esculturas: La gran figura ecuestre de Carlos III, la muy fotografiada por los turistas del Oso y el Madroño, y la Mariblanca. Las dos primeras fueron esculpidas en la segunda mitad del siglo XX y, aunque la tercera estuvo ya en esta plaza en el siglo XVII, la que ahora vemos es realmente una réplica del original que se conserva en la Casa de la Villa. Esta escultura, la original, tiene una historia azarosa que deseo seguidamente relatarte:

Tras la vuelta de la corte a Madrid en 1606 la ciudad se va a ver sometida a una importante remodelación urbanística, en la que destacará, por su utilidad pública y por su aporte ornamental, la construcción de nuevas y vistosas fuentes para algunas de sus plazas más significativas, como las de la Provincia, Cebada, Descalzas Reales, San Salvador, Puerta Cerrada, Puerta de Moros y Puerta del Sol. La mayoría de dichas fuentes se proyectó rematarlas con esculturas mitológicas de corte clásico y para ello se encargó en 1619 al florentino mercader de arte Ludovico Turchi la adquisición en Italia de diversas estatuas. Una de ellas es nuestra protagonista: Una Venus, diosa romana del amor, la belleza y la fertilidad, que aparece sobre dos cabezas de delfines, símbolos del mar que vio nacer a la diosa, y acompañada de su hijo Cupido. La figura está realizada en marmol blanco y tiene 1,68 m de altura.

La Venus, que como anécdota diremos que llegó a España decapitada como consecuencia del traqueteo del viaje, se destinó a la fuente de la Puerta del Sol, instalándose allí en 1625. A la diosa se le añadió en la mano por lo visto una cruz verde de la esperanza a fin de evitar comentarios críticos relacionados con la falta de decoro público (estaba situada justo delante de la hoy desaparecida Iglesia del Buen Suceso). La Venus pasó oficialmente a ser una representación de la Fe y como Fuente de la Fe se dio a conocer, aunque también fue desde el principio llamada de las Arpías, debido a que sus cuatro caños estaban colocados sobre figuras de arpías que arrojaban agua por los pechos.

 La fuente se hizo popular y por la escultura que la coronaba, una hermosa mujer esculpida en mármol blanco, fue rebautizada por los aguadores que la frecuentaban como La Mariblanca, nombre que cuajó pronto entre la ciudadanía y con el que se quedaría ya para siempre.

En 1727 se encargó a Pedro de Ribera un profundo rediseño de la fuente que incluyó por ejemplo la eliminación de las arpías y otros elementos ornamentales, pero se respetó a la Mariblanca debido al enorme apego que sentían por ella los madrileños. Con el paso de los años la fuente va a verse seriamente deteriorada, decidiéndose su demolición en 1838, aunque conservándose eso sí la escultura que es trasladada a la fuente de la Plaza de las Descalzas Reales. Esta fuente desaparecerá también en 1892 y la Mariblanca es llevada entonces a los depósitos municipales, donde permanecerá almacenada hasta que en 1914 el ayuntamiento le busca ubicación pública, instalándola primero en el Parque de El Retiro y posteriormente en el Museo Municipal.

 No obstante, el periplo viajero de esta estatua, a semejanza del sufrido por otras muchas esculturas de la ciudad no termina aquí. En 1969 fue colocada, como quizás algunos recordaréis, entre dos dobles columnas y junto al estanque rectangular existente al inicio del Paseo de Recoletos. Allí, al alcance de actuaciones incívicas, la escultura sufrirá diversos y serios desperfectos. Retirada finalmente de este emplazamiento y tras ser convenientemente restaurada, encontró refugio en 1984 en el zaguán principal de la Casa de la Villa (antiguo Ayuntamiento) donde continúa estando actualmente.

En 1985 el alcalde Tierno Galván encargó, para situarla en su emplazamiento original en la confluencias de las calles Alcalá y Carrera de San Jerónimo, la copia de la Mariblanca que actualmente vemos en la Puerta del Sol y que como habréis notado no se encuentra ahora exactamente en dicho lugar, si no a la entrada de la calle Arenal, pues en 2009, tras la última remodelación de la plaza, se decidió pasarla al lado opuesto de la plaza. ¿Se estará ya quieta?

De la Mariblanca, además de la mencionada réplica instalada en la Puerta del Sol, se hizo otra destinada en su día al Museo de la Ciudad. Con el cierre de este en agosto de 2012 su colección fue repartida, llevándose la escultura al Museo de Historia, en la Calle de Fuencarral, donde desde 2014 y hasta ahora se exhibe.


Pero si bien es cierto que como hemos visto la Mariblanca de la ciudad de Madrid hace tiempo que dejó de estar cerca del agua como le gustaría (recordemos que está Venus está representada junto a un delfín, símbolo del mar del que nació según la mitología), en la Comunidad, concretamente en Aranjuez, sigue existiendo una Fuente de la Mariblanca. Allí, en el centro de la plaza de San Antonio, existe una enorme fuente cuyo origen se remonta al siglo XVIII y que habiendo estado inicialmente coronada por una estatua del rey Fernando VI, por orden de Carlos III esta fue sustituida en 1762 por la imagen de una hermosa Venus esculpida en piedra blanca por el artista de la época Juan Reina. La fuente pasó a llamarse de Venus (su actual nombre oficial), pero debido al cierto parecido de la escultura con la de la fuente de la Puerta del Sol de Madrid, se le dio popularmente ya entonces el mismo nombre que a esta, hasta el punto que hoy en día no solo la fuente, sino hasta la plaza es conocida como la de la Mariblanca.


Para terminar esta entrada, como curiosidad adicional un apunte musical relacionado con nuestra protagonista: A principios de los años 50, la cantante Olga Ramos, la reconocida última reina del cuplé madrileño, incluyó en su repertorio una mazurca, con letra de Francisco de la Vega, dedicada a la Mariblanca. Si quieres puedes escucharla pulsando este enlace a youtube (en una actuación televisiva emitida en 1981). 

Palacio de Godoy

En el número 9 de la Plaza de la Marina Española, haciendo esquina con la calle de Bailen, encontramos uno de esos edificios de la ciudad con interesante historia pero que al no ser especialmente llamativo en su estética exterior pasa desapercibido para muchos paseantes. Me estoy refiriendo al Palacio Grimaldi o Palacio Godoy, pues por ambos nombres es conocido, y que en la actualidad es sede del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

Este edificio fue construido en 1775 según proyecto de Francesco Sabatini, quien como arquitecto real había recibido el encargo de Carlos III de construir en las cercanías del Palacio Real (por aquel entonces recientemente inaugurado como nueva residencia real) el Palacio de los Secretario de Estado, destinado a albergar al Primer Secretario de Estado o primer ministro y a varias de las dependencias administrativas ligadas a la función de este. El lugar elegido fue el solar situado junto al Colegio Convento de doña María de Aragón, hoy Palacio del senado, frente al Real Monasterio de la encarnación.

El palacio resultante fue un edificio sencillo y externamente de trazas clásicas madrileñas: Sobre basamento de piedra se elevan los muros de ladrillo visto en los que se abren, en rígida simetría, vanos y ventanas. El interior, si bien muchos de los elementos decorativos se han perdido, está en cambio más estéticamente ornamentado, destacando sin duda arquitectónicamente la escalera de marmol de tipo imperial que arranca del vestíbulo porticado y, subdividiéndose en dos tramos perpendiculares, desemboca en el piso principal. Se conserva la disposición de los grandes salones, así como la mayor parte de las pinturas de sus techos, de motivos chinescos, neopompeyanos o paisajistas. En aquellos momentos el Secretario era el marqués de Grimaldi, que no llegó a instalarse en él. Finalizado el edificio, sí lo habitó su sucesor, el conde de Floridablanca,

El Palacio se denomina del marqués de Grimaldi porque este fue el Secretario de Estado vigente cuando se finalizó la construcción, aunque realmente él no llego a instalarse plenamente en el edificio (fue destituido en 1777). Su sucesor, el conde de Floridablanca sí habitó el inmueble hasta 1792 (tras el fallecimiento de Carlos III había sido mantenido en el cargo por el nuevo rey Carlos IV), y tras este vendría Manuel Godoy, quien no sólo va a habitar el Palacio sino que lo adquiere en propiedad tras permutar con la corona dicho inmueble a cambio de varias viviendas que él poseía. Al fijar Godoy en este Palacio su residencia oficial encarga diversas obras de ampliación y mejora. No sólo se introducen mármoles y maderas nobles, sino que se decoran techos y se embellecen estancias, especialmente con el aporte de la fantástica colección de pinturas que el "Principe de la Paz" posee, entre las que se encuentran obras maestras, como “La Venus del espejo” de Diego Velázquez y “La educación de Cupido” de Correggio. También estuvieron allí por lo visto colgados por un tiempo los cuadros de “La maja desnuda” y “La maja vestida” de Francisco de Goya, quien además pintó por encargo de Godoy cuatro pinturas alegóricas de formato circular, de las que actualmente se conservan tres  en el Museo del Prado.

En 1807 Godoy va a recibir como regalo del Ayuntamiento de Madrid el Palacio de Buenavista, en la actual Plaza de Cibeles (sede ahora del Cuartel General del Ejército de Tierra), edificio que hasta ese momento había pertenecido a los duques de Alba. Godoy procedió a hacer el traslado de domicilio y, aunque realmente no llego a habitar su nueva residencia, pues cayo pronto política y socialmente en desgracia, lo cierto es que pronto dejaría ya el Palacio del Marqués de Grimaldi. En 1808 Madrid va a ser ocupado por las tropas napoleónicas y Joaquín Murat, cuñado de Napoleón, decide en calidad de máxima autoridad militar de las tropas francesas acantonadas en la capital instalarse en nuestro palacio. Desde allí, este comandante con serias aspiraciones a ser proclamado rey de España (finalmente ya sabemos que Napoleón reservó dicho título para su hermano José Bonaparte y otorgó a Murat el de rey de Nápoles) vivió el levantamiento del pueblo de Madrid y fue desde allí desde donde gestionó la violenta represión acaecida durante el 2 y 3 de mayo.

El Palacio sufrirá durante la invasión napoleónica el expolio de las tropas francesas y, perdido buena parte de su antiguo esplendor. en los años sucesivos cambiará a menudo ya de finalidad como inmueble de uso público: Fue primero sede del Consejo del Almirantazgo, pasando en 1819 a albergar las dependencias de la Biblioteca Real; en 1826 se convirtió en sede de las Secretarías del Despacho de Gracia y Justicia, Hacienda, Guerra y Marina, hasta que un incendio en el edificio ocurrido el 29 de noviembre de 1846 aconsejó el traslado de estas dependencias, ya convertidas con el régimen liberal en Ministerios. Sólo quedaron en el edificio las dependencias del Ministerio de Marina, al que pocos años después se le agregarían las del recientemente creado Museo Naval (1844). El resto del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX siguió desempeñando funciones ministeriales, aunque en algunas ocasiones parte de sus habitaciones y salones recuperaron el lujo de tiempos pasados al convertirse en los alojamientos de las futuras reinas de España, María Cristina de Austria y Victoria Ana de Battenberg, antes de sus respectivas bodas con Alfonso XII -en segundas nupcias- y Alfonso XIII. En 1941 se decidió instalar en el palacio el Museo del Pueblo Español, donde se podían contemplar trajes regionales e históricos, así como productos y manifestaciones artísticas locales y populares. En 1977 se convertiría en el actual Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

En 1962 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y desde el 2000 tiene la consideración de Bien de Interés Cultural (BIC).

Para terminar, no quiero dejar de referir una curiosidad más relacionada con este palacio, y es que a día de hoy sigue conservándose íntegro el despacho que Manuel Godoy tuvo allí (no sólo la mesa y la silla, sino también la lámpara dieciochesca, el recubrimiento enmaderado en caoba de los muros, los adornos en paredes, la alfombra de la desaparecida Real Fábrica de Santa Bárbara, … ), pero no se conserva en el Palacio de la plaza de la Marina, sino en la planta noble del actual Cuartel general de la Armada situado en la confluencia entre el Paseo del Prado y la calle Montalbán. Pinturas y mobiliario fueron trasladados allí en 1929, pieza a pieza y respetando para la nueva ubicación las dimensiones y detalles de la estancia original. El despacho no está abierto al público y solo se abre actualmente para recepciones del más alto rango estatal.


Si sientes curiosidad por ver como es dicho despacho pincha en el enlace que te facilito y que da acceso a diversas fotografías facilitadas en su día por el diario ABC.

Un posible nuevo museo en Madrid

Hace unos días pudimos leer en la prensa que la nueva alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, tiene la intención de abrir al público el Palacete del Parque del Capricho, dentro de una política de aprovechamiento de edificios municipales actualmente sin actividad. Me parece una estupenda noticia, especialmente porque lo que se tiene proyectado es la creación en su interior de un museo dedicado a la destacada figura de la duquesa de Osuna, mujer de gran trascendencia social y cultural en su tiempo e impulsora del precioso recinto que conforma El Capricho (ya tratado en este blog).


Exteriormente el palacete se conserva en muy buen estado, pero parece ser que no tanto así el interior, que precisará seguramente de algunos retoques para restituir parte de su antíguo lustre. En línea con ello se informa que existen negociaciones para que el museo del Prado ceda a este nuevo museo cuadros y muebles de la época, algunos de ellos procedentes originalmente de dicho palacete.

¡Bienvenidas iniciativas como esta y ojalá se extiendan!

Cines Madrid

Al pasar por la Plaza del Carmen y contemplar los restos del recientemente demolido edificio de los Cines Madrid no pude evitar un recuerdo nostálgico de tardes de juventud pasadas en aquel cine y rememorar de paso, por unos instantes, el hoy entrañable recuerdo de otras salas de proyección del centro de la ciudad a las que asistí en más de una ocasión y que ya han desaparecido para siempre, como los cines Imperial, Azul, Rex, Avenida, o Pompeya, transformados actualmente en tiendas y locales de uso comercial ajeno al séptimo arte (el Palacio de la Música, cerrado hace ya tiempo, presumible y lamentablemente correrá a no mucho tardar igual suerte, pero de momento permanece ahí, dejando levemente entornada la puerta de la esperanza).

El demolido edificio de los Cines Madrid tenía una larga e interesante historia que habría hecho razonable la defensa por parte del Ayuntamiento de su conservación como patrimonio de la ciudad, tal y como solicitó formalmente la Asociación "Madrid, Ciudadanía y Patrimonio" (muy recomendable la lectura, accesible desde aquí, del documento técnico elaborado por ellos para respaldar la presentación de alegaciones). Ya no hay solución. El edificio ha desaparecido, aunque eso sí se conservará la fachada de estilo neoclásico que daba a la Plaza del Carmen. ¡Es lo que hay!

Los Cines Madrid ocupaban el solar donde antiguamente estuvo el convento de los Carmelitas Calzados, fundado en 1575, y del que formaba parte la iglesia del Carmen que aún permanece y a la que se accede desde las calles del Carmen y de La Salud.

A finales del siglo XIX, aprovechando una remodelación de la Plazuela del Carmen y puesto que con la desamortización de Mendizábal el convento había dejado de estar operativo, se construye sobre su solar un frontón, espectáculo deportivo en boga por aquel entonces, tal y como ya comentamos en otra entrada de este blog al referirnos a otro de los grandes frontones existentes en Madrid). Este frontón, al que se denominó Frontón Central, fue inaugurado el 18 de mayo de 1899 con un partido de pelota y un concierto dirigido por dos de los grandes compositores del momento: Tomás Bretón y Jerónimo Jimenez. Desde prácticamente sus inicios, el edificio tuvo funciones polivalentes, pues junto al juego de pelota en él se desarrollaron otras variadas actividades, como la organización de bailes y la celebración de multitudinarios mítines políticos, como aquel que el 23 de junio de 1899, presidido por Canalejas, contó con la intervención de personajes históricos tan importantes como Pi y Margall, Nicolas Salmerón, Pablo Iglesias, Lerroux o Vicente Blasco Ibañez, por poner sólo algunos ejemplos.

Tras varios años de rentable actividad, el interés de los madrileños por el juego de frontón empieza a decaer y los propietarios del Frontón Central deciden impulsar el local transformándolo por la noche, a partir de 1906, en una sala de espectáculos: El "Central Kursaal". Allí actuará en 1916 con su famoso y sugerente espectáculo de danzas exóticas la controvertida artista-espía Mata-Hari, allí se consolidarán figuras locales como La Chelito y La Fornarina, o actuarán estrellas del momento, como Pastora Imperio y La Argentina.

Allí en el Central Kursaal también fue donde nacerá una de esas historias que hacen las delicias del periodismo de papel cuché de todos los tiempos y que quedaron entonces grabadas en el imaginario popular: Cuentan que habiendo asistido el riquísimo maharajá de Kapurthala a una fiesta allí celebrada con motivo de la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, quedó este prendado de una desconocida bailarina, Anita Delgado, que formaba parte con su hermana Victoria del duo "Las Hermanas Camelias" que abría la función. Poco después y con la curiosa mediación epistolar de Romero de Torres y Valle-Inclán, la pareja se casará y lo hará con gran boato (la novia acudió a la ceremonia india a lomos de un elefante lujosamente adornado), despertando en el imaginario popular el sueño de uno de esos cuentos rosas de amor por encima de clases sociales que tanto gustan.

Con el paso de los años, el local del Frontón Central siguió adaptándose a los tiempos. En 1923 se convertirá en sede del Circo Americano, pasando nuevamente a acoger al año siguiente partidos de frontón y a combinar estos con la proyección de películas de ese incipiente cine que se ponía de moda. Las primeras películas eran mudas, lo que permitía dividir la sala en dos por medio de unas cortinas y simultanear dos proyecciones (vemos pues que ya había multicines!!). Entre 1933 y 1942 funcionó ya plenamente como cine, pasando en 1943 a ser teatro (es cuando el edificio se remodela quizás más profundamente y cuando adquiere ese estilo neoclásico que recordamos por su fachada), para nuevamente dar paso en 1945 a sala de cine, y a multicine en 1979, permaneciendo como tal hasta que en 2002 el local cierra definitivamente.

Dentro de poco este antiguo frontón y cine será un nuevo centro comercial y un gimnasio. Para las nuevas generaciones y para los visitantes de la ciudad este edificio será simplemente uno más, quizás con la peculiaridad de una fachada singular en el entorno de una plaza. Esta entrada de blog es un pequeño homenaje a sus 116 años de historia y una petición de protección para que no se deje perder el patrimonio de la ciudad.

En agosto y en Madrid las Verbenas y el chotís

Agosto es mes festivo en los madriles, pues tres son las festividades de arraigo popular que sin solución de continuidad se celebran en este periodo estival: San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma. Fiestas verbeneras con claro ambiente de barrio animadas con música más o menos actual alternada con los tradicionales y castizos chotis, en las que vecinos y visitantes refrescan el gaznate con sangrías y limonadas sin que por ello se desprecie también la cerveza fresca, fiestas en fin en las que la gente busca disfrutar del ambiente y en las que chulaponas de  mantón y chulapos de palpusa y de chopin aprovechan un año más para lucir su palmito. ¡Viva las fiestas de agosto!

Comenzamos con San Cayetano, cuyo día grande es el 7 de agosto. La iglesia de dicho nombre está en la calle de Embajadores nº 15 y la fiesta se organiza en sus cercanías, mereciendo la pena que la incluyamos en nuestro recorrido (Churriguera y Ribera trabajaron en la construcción de esta iglesia y su portada exterior, la única parte del edificio que sobrevivió al incendio ocurrido durante la Guerra Civil, ostenta la categoría de ser Monumento Histórico Artístico Nacional).

La Plaza de Cascorro es donde se concentra la mayor animación durante las fiestas de San Cayetano y donde se instala el escenario de actuaciones. Fuera de ella, son las calles del Oso y de los Abades las que normalmente completan el área verbenera, siendo engalanadas por los vecinos, quienes además ofrecen a los viandantes limonada gratuita (bueno, se admite la voluntad para ayudar a sufragar gastos).

San Lorenzo, cuya festividad se celebra el 10 de agosto, toma luego el testigo y traslada el centro de la verbena a partir del día 8 al barrio de Lavapiés, concretamente a la plaza de dicho nombre y a la aledaña calle de Argumosa, cercana a la parroquia de San Lorenzo (sita en la calle del Doctor Piga, esta pequeña iglesia es conocida popularmente como el Templo de las Pulgas por sus reducidas dimensiones).

Finalmente, del 12 al 16 de agosto se celebra La Paloma, la más popular de las festividades, pues la Virgen de la Paloma, sin ser oficialmente patrona de la Villa, es considerada patrona popular de los madrileños. Los actos más emotivos de esta celebración tienen lugar el día 15, festividad de la virgen, cuando el cuadro de La Paloma es descolgado por los bomberos y sacado en procesión.

El eje de celebración de esta festividad popular es la calle de Toledo y las calles que desembocan en ella (incluyendo lógicamente la Iglesia de La Paloma y sus aledaños). La Plaza de la Paja y la de las Vistillas son los lugares donde acudir a echarse unos bailes.

Os facilito seguidamente un enlace al Programa de Festejos. ¡Nos vemos por allí!