Museo de la Biblioteca Nacional de España

Los museos forman parte indiscutible de las posibilidades que una ciudad ofrece para disfrutarla y Madrid tiene una gran cantidad y variedad de ellos. Hoy propongo visitar el Museo de la Biblioteca Nacional de España (BNE). La entrada al museo y a las exposiciones temporales que regularmente allí también se organizan es gratuita.

El Museo de la BNE muestra una gran colección de piezas originales que forman parte de la historia de la escritura y de sus soportes, así como de la propia historia de la BNE. Fué inauguró en 1994 bajo el nombre de Museo Interactivo del Libro, aunque se remodeló y modernizó en 2007 para hacerlo más funcional, dinámico y didáctico.

A lo largo de sus ocho salas la exposición nos muestra el ayer y el hoy de la Biblioteca Nacional, algunas claves del trabajo de bibliotecarios y encuadernadores, y una selección de ejemplares escogidos del fondo de la Biblioteca, entre las que se incluyen facsímiles de obras tan importantes como el Códice Metz (tratado de ciencia que data del siglo IX y que es la pieza más antigua que se conserva en la BNE), el Cantar del Mio Cid, un Beato, o diversos libros de horas. Parte de las obras expuestas se renuevan cada tres o cuatro meses con el objeto tanto de evitar su deterioro como de ir dando salida expositiva al amplio fondo documental de la institución.

El origen de la Biblioteca Nacional se remonta al reinado de Felipe V, quien mandó crear en 1711 la primera Real Biblioteca, a la que dotó con fondos provenientes de las colecciones privadas de los monarcas de España, enriquecidas con las colecciones confiscadas a los austriacistas que perdieron la Guerra de Sucesión, como el Marqués de Mondéjar y el duque de Uceda. Posteriormente, a esta colección se añadieron algunas bibliotecas privadas de nobles como el Conde de Aguilar y el Duque de Medinaceli, teniéndose constancia de que en 1715 la Real Biblioteca contaba ya con 28.242 libros impresos y 1.282 manuscritos (actualmente guarda más de 25 millones de documentos).

La sede inicial de la Real Biblioteca (que pasaría en 1836 a denominarse Biblioteca Nacional), estuvo en el pasadizo que unía el Real Alcázar de Madrid con el convento de la Encarnación y hasta su traslado a la ubicación actual pasó antes por diversas localizaciones: En 1809, durante el reinado de José Bonaparte, se trasladó primeramente al convento de los trinitarios calzados en la calle de Atocha, pero tras la vuelta de Fernando VII al trono, los religiosos reclamaron sus posesiones y los fondos se trasladaron en 1819 al Palacio de Buenavista (actual Cuartel General del Ejército, en la Plaza de Cibeles). En 1826 se produjo un tercer traslado a la antigua casa del marqués de Alcañices, en la actual calle de Arrieta, lugar dónde residió hasta que se decide construir durante el reinado de Isabel II un nuevo y definitivo edificio, el que actualmente conocemos, en el Paseo de Recoletos. La inauguración tuvo lugar el 16 de marzo de 1896.

Del exterior de la actual sede de la Biblioteca Nacional sin duda lo que más llama la atención es la hermosa escalinata de acceso, con sus estatuas de importantes personajes ligados a nuestra literatura: El rey Alfonso X el Sabio y San Isidoro en primera línea, detrás, junto a las puertas, Antonio de Nebrija, Luis Vives, Lope de Vega y Miguel de Cervantes. Te recomiendo una visita pausada para admirar el edificio y disfrutar con las exposiciones.

Museo Biblioteca Nacional de España
Dirección: Pº Recoletos 20-22
Horario: Martes a sábados de 10 a 21. Domingos de 10 a 14
Precio: entrada gratuita
Transporte público más próximo: Colón (Metro, línea 4), Recoletos (Cercanias Renfe)

Panteón de Hombres Ilustres

El Panteón de Hombres Ilustres, ambicioso proyecto creado en el siglo XIX y que hoy acoge sólo realmente los restos mortales de José Canalejas, es un interesante lugar que merece nuestra atención y visita, tanto por el edificio como por que los monumentos funerarios que alberga, obra de algunos de los mejores escultores españoles de la época. Está situado junto a la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, ocupando el claustro de un monumental conjunto arquitectónico inicial que no llegó a culminarse, pues solo se construyó éste y el campanario (hoy inaccesible, al menos para visitantes). Repasemos un poco de historia al respecto antes de centrarnos en el contenido del Panteón:

Desde muy antiguo, existió en el lugar al que hoy nos referimos una ermita a la que se llamó de Atocha, por encontrarse por lo visto en sus alrededores abundancia de unas plantas parecidas al esparto llamadas "atochas" (hay quienes defienden también que el nombre proviene en realidad de la palabra Antioquia, derivada en antiocha por corrupción del lenguaje y de ella en atocha, al considerar que es de ese lugar de donde se cree procede la imagen). Sobre esta primitiva ermita, muy deteriorada por el paso del tiempo, se construyó en el siglo XVI una gran iglesia y un convento de dominicos. Su impulsor fue fray Juan Hurtado de Mendoza, confesor del rey Carlos V. La realeza española sintió desde entonces especial predilección devota por la Virgen de Atocha, sirviendo como ejemplo de ello que Felipe II, cuando iba a combatir y cuando regresaba victorioso de una batalla, visitaba siempre el santuario para rogar ayuda divina y dar gracias. El reconocimiento Real llegó con Felipe IV, quien proclamó en 1643 a la Virgen protectora de la Familia Real y de la Monarquía española (recordemos como curiosidad que se mantiene aún una tradición en la Familia Real española de que las reinas y Princesas de Asturias acudan a la Basílica de Atocha a presentar ante su Virgen a los nuevos príncipes que nazcan, siguiendo un rito iniciado por la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena con su hijo, el futuro Alfonso XIII. Así el Príncipe Felipe y Letizia Ortiz llevaron a sus hijas las Infantas Leonor y Sofía, al igual que anteriormente hicieron el rey Juan Carlos I y Sofía de Grecia con sus hijos Felipe, Elena y Cristina).

En 1808, con motivo de la invasión napoleónica, el complejo religioso va a sufrir un grave deterioro. Las tropas francesas expulsan a los religiosos y convierten el lugar en cuartel, produciéndose el robo y destrucción de innumerables obras de arte existentes. Finalizada la invasión, los dominicos vuelven al convento, pero el recinto, bastante deteriorado, ya no recuperará el esplendor de antaño pese a ser ascendida a Basílica en 1863 (fue la primera de las cinco que actualmente hay en la ciudad de Madrid).

En 1888, la reina regente María Cristina, viuda de Alfonso XII, al ver el estado en que se encontraban los edificios, mandó el derribo de los mismos y ordenó la construcción de otro complejo en donde se incluiría, adosado al templo, un Panteón de Hombres Ilustres. El concurso público lo ganó el arquitecto Fernando Arbós y Tremanti, proyectando una basílica en estilo neobizantino, con un campanile exento y un panteón inspirado en el Camposanto de Pisa. Las obras empezaron en 1891, pero los altos costes del proyecto, junto con la necesidad de llevar a cabo paralelamente otra gran obra, que era la Cripta de la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena, hizo que en 1899 finalizaran los trabajos, habiéndose construido hasta entonces sólo el claustro-panteón y la torre-campanario. La congregación de dominicos prosiguió por su cuenta las obras de la nueva iglesia, aunque sin seguir ya el proyecto arquitectónico inicial. No obstante, la que actualmente vemos data de 1951, pues el 20 de julio de 1936, durante la Guerra Civil, convento e iglesia fueron incendiados, perdiéndose todas las obras de arte excepto la imagen de la Virgen de Atocha que se había ocultado previamente en un domicilio particular.

Entendido ya el origen del por qué el claustro-panteón que nos ocupa e interesa no guarda relación arquitectónica con la iglesia aneja, volvamos a centrarnos en el Panteón, aunque haciendo nuevamente un pequeño paréntesis histórico para conocer el por qué aquí de un recinto funerario para nuestros “hombres ilustres”: parece ser que en 1837 las Cortes Generales votaron un proyecto para convertir la iglesia de San Francisco el Grande en Panteón Nacional de Hombres Ilustres, que acogería los restos mortales de los personajes considerados de especial relevancia en la historia de España, los cuales deberían ser elegidos por las Cortes pasados cincuenta años de su fallecimiento. Se propusieron muchos nombres, descartándose con el tiempo los de aquellos cuyos restos no pudieron ser hallados (fue el caso de los de Cervantes, Lope de Vega, Luis Vives, Antonio Pérez, Juan de Herrera, Velázquez, Claudio Coello, Tirso de Molina y otros). Finalmente este primer panteón se inauguró con boato el 20 de junio de 1869, acogiendo los restos de los poetas Juan de Mena, Garcilaso de la Vega y Alonso de Ercilla; los militares Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) y Federico Gravina; el humanista Ambrosio de Morales; el Justicia Mayor de Aragón Juan de Lanuza; los escritores Francisco de Quevedo y Pedro Calderón de la Barca; el político Zenón de Somodevilla y Bengoechea (Marqués de la Ensenada) y los arquitectos Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva. Los restos fueron depositados en una capilla y años después devueltos a sus lugares de origen, con lo que se cerró por un tiempo la idea de crear un panteón nacional.

La reina regente María Cristina, viuda del rey Alfonso XII, la retoma en 1890 y decide destinar a tal propósito parte del recinto de la futura Basílica de Atocha tal como ya hemos explicado (la elección venia abalada además por la circunstancia de que en el lugar estaban enterrados algunos ilustres personajes, como José de Palafox, Francisco Castaños, Manuel Gutiérrez de la Concha o Juan Prim, pues fueron directores del cuartel de Inválidos que se habilitó en parte de este recinto tras la salida de España de las tropas francesas). Finalizado el panteón se trasladaron a él en 1901 los restos de los anteriormente mencionados pero al igual que ocurriría con los de los políticos allí enterrados en años posteriores, todos fueron nuevamente trasladados a otros lugares, reclamados por sus ciudades de origen. Sólo permanece enterrado Canalejas.

Los monumentos funerarios que podemos contemplar actualmente en el Panteón de Hombres Ilustres, y que fueron esculpidos por artistas de la talla de Mariano Benlliure, Pedro Estany o Agustí Querol, son los siguientes:

  • José Canalejas
  • Manuel Gutiérrez de la Concha, marqués del Duero
  • Práxedes Mateo Sagasta
  • Eduardo Dato
  • Antonio de los Ríos Rosas
  • Antonio Cánovas del Castillo
  • Mausoleo Conjunto
 
Panteón de Hombres Ilustre
   Dirección: c/ Julián Gayarre, 3
   Horario: 10 a 14 y 16 a 18:30 martes a sábado. Domingos de 10 a 15 h.
   Precio: entrada gratuita
   Metro más próximo: Atocha Renfe (salida Alfonso XII)

Casa de Campo: Ruta de los árboles singulares

Ya comenté en una anterior entrada de este blog la predilección especial que los urbanitas amantes de la naturaleza sentimos por la Casa de Campo, pues a píe o en bicicleta solemos encontrar verdadero placer en pasear en cualquier época del año por sus caminos y senderos, dejándonos llevar sin rumbo predeterminado o buscando intencionadamente la localización de este o aquel elemento de flora, fauna u orografía existente, así como algunas de las curiosas construcciones y restos históricos que contiene.

En esta ocasión propongo localizar los denominados “arboles singulares” de la Casa de Campo (cuando me referí en este blog al Ahuehuele del Retiro, ya mencioné que la Comunidad de Madrid identificó hace años, para su especial protección, aquellos ejemplares repartidos por su territorio merecedores del calificativo de singularidad por motivaciones diversas, como su peculiar aspecto, su altura, el diámetro de su copa, el perímetro de su tronco o su antigüedad). Estos árboles, de los que yo identifico aquí 16 (creo que hay alguno más, pero aún no he descubierto su señalización sobre el terreno) están señalizados con un cartel de madera, -similar al que ves en la foto adjunta-, en el que se indican las características más destacadas del mismo.

Sugiero que si te interesa hacer este paseo en un solo día lo hagas en bicicleta, pues el circuito es relativamente amplio y puede llevarte algo de tiempo completarlo (como referencia decir que en bici requeriremos unas 2,30 horas a pedalada tranquila e incluyendo breves paradas junto a cada árbol para su contemplación y lectura de la información respectiva contenida en el cartel).

Intentaré seguidamente dar pistas claras para localizar cada uno de los árboles singulares, aunque deberás poner ojo avizor sobre el terreno, pues no siempre te será fácil la localización de los carteles. Tómatelo como un juego de ginkana y disfrutarás adicionalmente del paseo.

El recorrido que propongo comienza en la entrada principal de la Casa de Campo, es decir, en la Puerta del Rey, y continúa por el lado derecho del Lago para coger el denominado Paseo de los Plátanos y más o menos en línea recta, pasar junto al Zoo para llegar a la otra punta del Parque, junto a la Puerta del Zarzón. Retomaremos desde allí el camino de regreso, desviándonos en algún momento brevemente para descubrir algunos árboles más. ¿Estamos preparados?. Pues entonces, estos son los árboles a buscar y las indicaciones para localizar los carteles que les identifican:

  1. Cedro del Reservado: Al entrar en la Casa de Campo por la Puerta del Rey, a la derecha, junto al antiguo Palacio de los Vargas, se encuentra el recinto del Reservado y al poco de entrar en el mismo, tras las casetas de obra actuales, se ve nuestro grandioso árbol sujeto por fuertes tirantes metálicos.
  2. Plátano Gordo:  Atravesamos el Reservado y salimos por su puerta alta, la que está más próxima al estanque del Lago. Bordeamos este por su parte derecha y, llegando a los primeros merenderos, lo veremos en el lado del agua.
  3. Taray del Humedal: Está en el gran aparcamiento de coches junto al Lago, lo que sin duda influye en su decrépito estado. Localízalo en el borde del aparcamiento más próximo a la carretera de acceso al mismo.
  4. Pino del Pinar de las Siete Hermanas:  Toma el camino asfaltado a la derecha del aparcamiento, -el denominado Paseo de Plátanos-, y todo recto , tras pasar una primera glorieta y las cadenas de la subida en coche al Teleférico (nuestro recorrido está cerrado a vehículos motorizados) encontramos a la derecha el Pinar de las Siete Hermanas.
  5. Cedro de la Glorieta de Los Caños: Continua recto por el camino asfaltado que traíamos, pasa la glorieta de Trillo (a la que volveremos a referirnos más adelante) y sigue por el camino de la izquierda hasta la siguiente glorieta, que es la nuestra. El árbol está en el centro y el cartel justo antes de la misma, a la izquierda.
  6. Encina del Puente de Hierro:  Volvemos por el camino que habíamos traído pero ahora, antes de llegar nuevamente a la Glorieta de Trillo giramos por la desviación que encontramos a la derecha y que nos aproxima a la carretera del Zoo. Nada más atravesar el llamado Puente de Hierro que cruza sobre el arroyo Meaques, veremos a la derecha nuestra hermosa Encina.
  7. Roble del Puente de Hierro:  Está próximo al anterior, a su derecha y cerca del arroyo.
  8. Fresno del Arroyo Meaques (árbol del Ahorcado):  Debemos ir hasta el Zoo y para ello, desde nuestra  posición anterior, seguiremos hacia la izquierda el sendero que hay junto al Roble y que nos lleva a un parque infantil con un curioso gran tobogán (¡quien fuese niño!). Continuamos por la izquierda y llegamos a la entrada del Zoo. Recorremos todo el frente del mismo hasta el final, en cuya esquina veremos los restos de una Ermita, y nada más doblar la esquina, dejando a la derecha la tapia del Zoo, veremos un ancho camino de tierra a nuestra izquierda. Podemos tomarlo o coger el sendero que hay a la derecha de este y antes del arroyo. Como a cuatrocientos metros encontraremos nuestro árbol (más facil de ver quizás si tomamos el sendero indicado).
  9. Encina del puente de la Culebra:  Seguimos avanzando por nuestro camino y al poco llegaremos al puente de la Culebra, construcción interesante de la que volveré a hablar en otra ocasión pues ahora como se dice vamos a Rolex, ¡Oh, perdón!, quise decir que vamos a árboles singulares, y el nuestro está frente al puente, junto al camino ancho antes mencionado.
  10. Encinas del Batán:  Cruzamos el puente y tomamos el camino asfaltado que, hacia la derecha, nos devuelve al Zoo. Pasamos nuevamente ante la entrada principal y seguimos recto por cualquiera de los senderos junto a la carretera (este tramo está abierto al tráfico) hasta que vemos, a la derecha y en alto el recinto de El Batán (donde se llevaban los toros antes de las corridas). Veremos el cartel al comienzo del área de aparcamiento que hay delante del recinto.
  11. Encina de la Glorieta de Trillo: En la intersección entre la carretera del Zoo y la que separa el recinto del Batán del Parque de Atracciones, tomamos el tramo que cruza por un puente de piedra el arroyo Merques y, al poco, estamos nuevamente en la Glorieta de Trillo. Nuestra encina está en el centro, pero el cartel lo debemos buscar junto a la indicación del árbol siguiente.
  12. Encina del Fraile:  Tomamos en la Glorieta de Trillo el camino asfaltado a la izquierda (dejamos en medio el camino de tierra que lleva a la puerta de Somosaguas). Es la antigua Carretera de la Ciudad Universitaria y justo nada más tomarla, a la izquierda, algo separada de la carretera, veremos la encina y el cartel.
  13. Encina de la Manzana: Avanzando por la carretera de la Ciudad Universitaria encontramos, tras unos 500 metros, una curva a la derecha y en la parte izquierda de la misma una explanada replantada (fue aparcamiento cuando los coches lo invadían todo) de la que sale un camino de tierra que lleva al Pinar del Santo. A la derecha de esta área encontramos la encina mencionada.
  14. Encina del Santo: Adentrándonos en esta antigua explanada por su lado derecho y llegando al final de la línea de pibotes existente, a la derecha, algo separada encontraremos esta hermosa encina (es la que se ve en la primera foto de esta entrada de blog).
  15. Pinar del Santo: Encontramos el cartel indicativo volviendo a bajar hacia la zona de la explanada, un poco hacia la derecha y junto al camino de tierra mencionado que lleva hasta el Santo.
  16. Pino del Embarcadero: Regresamos a la carretera asfaltada y desde ella a la glorieta de Trillo, tomando allí la carretera de la izquierda, que ya recorrimos y que nos llevará de nuevo, pasando por el pinar de las Siete Hermanas, hasta el Lago, pero esta vez siguiendo recto por el paseo de los Castaños, con lo que apareceremos en el aparcamiento por su lado derecho. Continuamos recto dejando el estanque a la izquierda (este último tramo de carretera está abierto al tráfico nuevamente, por lo que podemos optar por ir por uno de los laterales). Tras la curva en ese de la carretera, en la bajada encontraremos a la izquierda el pino mencionado. Finalizaremos nuestro recorrido saliendo ya, tras la recta junto al Reservado, por la Puerta del Rey en la que habíamos iniciamos nuestro circuito.
Seguidamente te adjunto un dibujo casero en el que señalo la posición aproximada de los árboles singulares indicados y, si quieres algo más profesional, te recomiendo el mapa de la Casa de Campo y del Anillo Verde Ciclista (autores: Luís López Vázquez y Miguel Ángel Delgado) que se comercializa en tiendas especializadas en cartografía y libros de viaje. Creo que cuesta 7 euros.
Por último, indicar también que el Ayuntamiento de Madrid organiza de vez en cuando algunas visitas guiadas, entre las que se incluye la de árboles singulares del recinto. Hacerlo por tu cuenta, como yo he propuesto, tiene su encanto, pero seguramente con visitas tutorizadas por profesionales como la indicada profundizarás más en el conocimiento botánico y medio ambiental. Puedes informarte en www.actividadesambientalescasadecampo.com

Kilómetro Cero

Puesto que hace pocos días que pusimos a cero el contador de este año, se me ha ocurrido por analogía dedicar hoy una entrada en este blog sobre Madrid a su "Kilómetro cero", simbolizado en la placa existente en la Puerya del Sol. Seguramente la conocerás de sobra, pues pocos son los madrileños y visitantes que no se han visto tentados a fotografiarse sobre ella, o al menos a pisarla expresamente para dejar constancia de que uno estuvo allí mismo. ¡Somos así!

La placa Km. 0 fue instalada en 1950 junto a lo que entonces era el Ministerio de Gobernación y hoy es la sede de la Comunidad de Madrid. En 2009 se realizaron obras en la Puerta del Sol y la antigua indicación, bastante deteriorada, fue renovada por la que actualmente vemos. Al igual que las existentes en otros países (generalmente en su capital),  esta placa simboliza la localización geográfica desde la que se miden las distancias de las carreteras radiales nacionales (en España estas se numeran, como seguramente ya sabrás, siguiendo la trayectoria de las agujas de un reloj y empezando por el norte, a saber: N-I (Carretera de Irún), N-II (Ctra. de Barcelona), N-III (Ctra. de Valencia), N-IV (Ctra. de Andalucía), N-V (Ctra. de Extremadura) y N-VI (Ctra. de La Coruña)

La tradición de señalizar con una placa o monumento el punto desde el que se miden las distancias de las rutas principales viene de antiguo, siendo quizás la más famosa de estas localizaciones el Milliarium Aureum ("Jalón de Oro"), erigido por el emperador César Augusto en el siglo 20 a.C. cerca del templo de Saturno, en el Foro de Roma, y que se consideraba como el punto de arranque de todos los caminos del Imperio romano, lo que consolidó el dicho, mantenido popularmente hoy en día, de que “todos los caminos conducen a Roma”.

El Kilómetro Cero es punto frecuente de cita para las personas que quedan en verse en la Puerta de Sol, al igual que lo son la estatua del Oso y el Madroño, el monumento a Carlos III o la boca de metro de la Mallorquina. ¿No has dado nunca alguna de estas referencias en tus citas por la zona?.

Para finalizar esta entrada y puesto que erroneamente algunas personas asocian este punto también con el centro de la península ibérica, aclarar que no es así, existiendo el acuerdo de que este se localiza en el Cerro de los Ángeles, a unos 10 kilómetros al sur de Madrid (término municipal de Getafe). En dicho lugar, que también propongo visitar alguna vez, encontraremos la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, del siglo XIV, así como el Monumento al Sagrado Corazón, construido en 1919 e inaugurado por el rey Alfonso XIII.